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el encuentro / relato

por gatamutante el 21/01/2012 11:46, en Mis Letras Montaraces

El encuentro

            Voy acercándome a su figura erguida  y el contacto en nuestros ojos lleva el tiempo que tardo en recorrer el suelo brillante y pulido. Me detengo junto a ella con un inclinarse hacia delante, en el ahora del misterio y el encuentro, es un imán entre los cuerpos ya reunidos frente a frente.

Uno en el deseo y el puro movimiento , con miradas encontradas que se beben , que se huelen y se encantan, deseosas de jugar sin mañanas ni horas. Los brazos tienen ramas que se curvan y las manos descorren el cabello para besar esos labios llenos y carnosos y saboreo ese quedarse sin aire en el breve instante de la pausa antes de la locura de la carne, deseando palpar su dulzura y su violencia en ese encuentro, pero antes...

Antes acercarme muy despacio, abarcar su rostro con las manos, inclinarme y mi aliento la enerva, tan despacio los poso, que apenas nota su presencia y entonces , entonces me arrebato y la poseo en ese beso! Y entrego mi lengua a la suya , y la hago mía a la vez, jugando con sus barreras abiertas, recorríendolas y abatíendolas con el fuego que sube desde mi sexo, una ola que me hace querer devorar su piel caliente y risueña...Unos labios reflejo de aquellos que ya acaricio , protegidos por senderos cubiertos de hojas en su cuerpo y permitiendo que transmita mis instintos.

El aliento la quema, es un fénix cuando la envuelvo y sujeto su cabello impidiendo que se escape al refugio de lo viejo. Es mía en ese beso, la penetro con mi lengua y se estremece sumisa y divertida, contraataca nerviosa en un empuje de dientes y amenaza con amago de morderme, mi fiera! Y encuentro un juego nuevo,con espirales que me llegan entre sus labios de poeta.

Si..., le doy mi alma con cada gota de saliva que me entrega,su corazón en ella y esos ojos se abren lo justo para vernos. La rodeo más fuerte con mis brazos , su peso en mi cuerpo y tan cerca, sin espacio para un suspiro imaginario. Esa boca y esos labios ,sonrosados sin pinturas muertas ni suplicios, frescos y dorados... dándome todo en ese beso tan largo, tan esperado e imaginado hasta el desahucio de la razón y la risa nocturna.

 Temblando?  Pequeña mía, tan ligera y de ambrosía. No dejaré de darte nunca este beso, este abrazo , este fundirse sin espantos,  al fin colmado tu destino. Vendrás conmigo con colmillos.

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