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la sala habitada

por gatamutante el 23/09/2012 18:51, en MINICUENTOS con y sin Imagen

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La sala estaba habitada, aunque el silencio reposaba en ella. Movimientos a su alrededor siseaban acusándola de su inmovilidad . Recorrió el espacio enclaustrante con sus ojos apenas, hasta llegar al límite de su extensión, un gesto despectivo en lo exterior y una desesperación cubriente desde su interior.

Allí se encontraba, mientras esperaba algo... alguien? que había olvidado o nunca conocido, y percibió una imagen en lo que pensó que era una pared sencilla. Apenas un instante antes el asiento enfrente suyo estaba vacío y sin saber el momento exacto, se había formado esa figura repentina con el universo tras ella, simulando una miríada de estrellas que se enredaban con su forma y se desdibujaba con la realidad que la rodeaba.

Miradas cruzadas, en un duelo desafiado, en unas tablas eternas en la partida de las negras y blancas. No temía nada, aunque esos ojos estaban traspasados por dos luces titilantes y no sonreía.

Al fin no pudo contenerse.

-Hola.

Que estupidez, debería haber hecho una pregunta inteligente y trascendental, al menos, pero escapó casi muda esa pequeñez.

Debía de llevar otro sentido del tiempo, porque pareció que el pelo crecía crepitando esperando una respuesta y las uñas se alargaban hacia la luz. El resplandor que envolvía esa figura oscilaba con su respiración y los labios inhalaron tres nebulosas antes de responder.

-Esto es el adiós.- Se inclinó ligeramente al pronunciarlo y mis pies notaron el cataclismo sobre los cimientos del edificio.

-No voy a recordar nada , verdad?

La figura negó con sus ojos muy despacio sin una pizca de emoción.

-No malgastes tu voz.

Un pensamiento tropezaba al correr para decirle lo más importante y le detuve con todas las consecuencias.

La figura venía a decirme que había perdido. Venía a cerciorarse de mi conocimiento, quizás a ponerlo en suspensión en la balanza de las posibilidades. Quería saber a qué bando acudiría después.

-No...

La correspondió con unos ojos enrojecidos, pero no se alteró en lo más mínimo, al fin y al cabo se estaba contemplando a sí misma.







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